Indiscutiblemente, el gran protagonista del territorio es nuestro paisaje. Este cambia mucho a lo largo de las estaciones, ya que el proceso tiene una duración aproximada de un año.

El arroz se empezó a cultivar a partir del año 1860, aunque hay constancia de algunos antecedentes fallidos unos siglos atrás. Antes, se vivía humildemente de la producción de sal, la recolección, la caza y la pesca, y de la ganadería. Fue a partir de la construcción del Canal de la Derecha, que inicialmente era para facilitar la navegación, cuando fueron conscientes de la gran ventaja que suponía para el regadío. Los primeros agricultores se encontraron con una infinidad de tareas que aprendieron a ritmos forzados. Tuvieron que desbrozar todos los terrenos, construir acequias y márgenes, nivelar todos los campos uniformemente para que entrara el agua… todo ello teniendo en cuenta que en aquella época era un territorio salvaje, fangoso y lleno de vegetación. Llegaron jornaleros y agricultores de regiones vecinas que ya tenían experiencia y así el Delta empezó a crecer demográfica y urbanísticamente.

La manera de trabajar el arroz ha cambiado muchísimo. Antes era un trabajo esencialmente manual, duro y que necesitaba muchas personas. Hace cincuenta años, prácticamente todos los trabajos se hacían con las manos, con la ayuda de animales y con maquinaria mínima. La siega y la cosecha movilizaban a muchas familias y grupos de trabajadores y era habitual que hombres, mujeres y jóvenes participaran. Hoy es una actividad mucho más mecanizada y organizada, se ha reducido la necesidad de mano de obra, pero se sigue necesitando el conocimiento del agricultor para interpretar la tierra.

El ciclo agrícola de antes y de ahora sigue teniendo unas fases muy similares, aunque la manera de hacerlo haya cambiado.

Los meses fríos del invierno sirven para descansar y preparar la tierra. Después de la cosecha del año anterior, los campos han pasado el otoño con poca agua o inundados, según la gestión de cada explotación. Entre enero y marzo se llevan a cabo trabajos como: arar, fanguear y reparar los márgenes.

La primavera es uno de los momentos más importantes y bonitos del año. Se llena todo de agua para preparar la siembra, que se realiza directamente esparciendo las semillas en los terrenos inundados. Al cabo de pocos días empiezan a salir los brotes verdes y comienza la magia.

Cuando llegamos a junio, el paisaje es completamente verde y la planta coge fuerza para llegar a su punto álgido. El agricultor debe controlar especialmente las malas hierbas y las plagas. En estos meses es habitual ver personas dentro de los campos realizando manualmente la limpieza de la vegetación, ya que no se puede introducir ningún tipo de maquinaria mientras la cosecha está creciendo.

Julio y agosto son la época dorada, literal y metafóricamente, ya que la planta y la semilla están en su fase de máximo crecimiento y maduración. Son unos meses críticos para vigilar la calidad y la temperatura del agua. La meteorología también puede ser un factor de riesgo durante todo el verano, ya que una lluvia fuerte o el granizo podrían afectar gravemente a la cosecha y a su rendimiento.

Llega septiembre, la época más esperada por los agricultores porque ¡toca segar! Las cosechadoras y los tractores se extienden como una plaga por todos los campos, trabajando día y noche para recoger todo el arroz de los dos hemisferios en el menor tiempo posible.

Una vez cosechado, el grano llega a las instalaciones arroceras para empezar su último proceso antes de llegar a nuestras manos. Allí se limpia, se seca, se muele y se almacena.

Podríamos decir que el arroz cambió prácticamente todo: el paisaje, la economía, los pueblos, las costumbres e incluso la manera de vivir de la gente. Por tanto, cuando contemplamos un arrozal no estamos viendo únicamente un campo de cultivo, estamos viendo el resultado de generaciones de trabajo, resiliencia y conocimiento de la tierra. Conservar este cultivo significa también preservar una parte de la historia, la cultura y la identidad deltaica, afrontando los retos ambientales y económicos del futuro.

En Viatges Nemon tenemos dos opciones de visitas guiadas para que conozcas toda esta historia de primera mano: Arrozales y flamencos en el Delta del Ebro o la visita al centro de interpretación del arroz «La Torra».